sábado, 24 de marzo de 2012

Tetuán, Bellas Vistas, Dehesa de la Villa

Aviso: voy a escribir muy rápido esta entrada. Como si sólo tuviera media hora y a pesar de ello me empeñara en que el post fuera largo. De unas diez mil palabras por lo menos. La hipótesis es casi cierta, con esa certeza de la ficción de decir la verdad a través de la mentira. Y en cualquier caso, este escurrirme  es la única manera de poder hacer tiempo para el blog: pararme en el minuto y en el segundo, y estirarlo a fuerza de teclear. Por ahí fuera el tiempo me teclea a mí, aunque esta semana le he dicho a varios amigos que no voy a quejarme por el tiempo que no tengo, y también os lo digo a vosotros: no pienso quejarme más. Éste es mi último gruñido sobre el particular.

De entre las personas que conozco, Óscar debe de ser de los pocos de fuera de Madrid  que han encajado en un barrio hasta hacerlo suyo. Las personas que más frecuento son casi todas de mi generación; supongo que eso explica que, si no veo a foráneos (pero en Madrid es todo foráneo) bien acoplados a, por ejemplo, Aluche,  puede deberse a que no han vivido los suficientes años mirando el ladrillismo (aunque Óscar lleva media vida aquí, al igual que yo:  sean ustedes conscientes de lo resbaloso de mis afirmaciones). Otra explicación plausible es que me muevo entre burgueses acostumbrados a vivir en el centro de Soria o de Minglanilla, y a los que no se les pasa por la cabeza venirse a la capi para exiliarse del centro, porque digo yo que a alguien de Mislata (Valencia) no se le debe de hacer el cuerpo raro en un barrio. Y una tercera y última explicación: lo que ocurre es que en Madrid no cuenta  sólo el concepto o el ambiente, sino también la lejanía. El que sea realmente un coñazo salir de tu barrio para ir al centro porque queda a tropocientas paradas de metro y siete mil transbordos. Tal vez por eso a Óscar se le ha hecho el cuerpo, porque Tetuán está  dentro de la M-30, al igual que Prosperidad; son distritos en verdad poco excéntricos y muy habitables para los que no nos acostumbramos a que Malasaña no esté a un paseo. Y además Óscar vive con su pareja en un edificio donde se aloja la famila de su pareja. Todo queda en casa. La vida de Óscar, por estas y otras cuestiones, me parece envidiable los días en que quiedro tener pareja y una familia cerca para que me invite los domingos y fiestas de guardar a  paella. Sin embargo, otros días no quiero eso. Otros días no sé lo que quiero.

He quedado en Cuatro Caminos con Óscar y con Asís. Óscar es escritor, y Asís fotógrafo (van a ver en este post tres fotos maravillosas que son suyas; el resto, meramente naturalistas y hechas de cualquier manera, proceden de mi móvil).  Aunque está nublado llevo gafas de sol, y quizá por eso Óscar, o tal vez Asís, me suelta: "Pareces una actriz". Si hiciera sol no me habrían dicho nada; las gafas de sol cuando no hace sol tan sólo ocultan llamando la atención, y los famosos van por ahí con sus gafas porque hay un juego de ser reconocidos en el intento de pasar desapercibidos. Creo que Montaigne decía algo así como que la modestia es la forma más refinada de la vanidad.  Sólo he conocido a una persona que nunca se quitaba las gafas de sol: Chavela Vargas. De noche y de día. Bajaba al comedor (entonces yo vivía en la Residencia de Estudiantes) y me encontraba a Chavela con sus gafas, sin saber si me miraba. Me ponía nerviosa. Con lo de "Pareces una actriz" me imagino algo a la española, y que en lugar de actuar, canta: La Pantoja, María Jiménez. Mi imaginación es cañí, qué se le va a hacer. Por cierto, si  hoy llevo las gafas de sol a pesar de la materia gris del cielo es porque tengo conjuntivitis.

Sobre Tetuán hablé aquí. Me la enseñó Urban. De Tetuán recuerdo asimismo un paseo de antes de saber que era Tetuán,  con mi padre y recién llegada a Madrid. Antaño eran habituales los paseos en coche con mi querido progenitor, quien afirma que los vehículos se han inventado para liberar al género humano de tener que ir andando. Cuando mi padre se encuentra con ecologistas que quieren limitar el uso del coche en las ciudades grita: ¡Viva la contaminación! El día que mi padre me llevó a Tetuán sin que yo supiera que se trataba de Tetuán, lo que quería era mostrarme el Instituto Virgen de La Paloma, que está en Francos Rodríguez. Allí estudió Máquinas Navales para posteriormente embarcarse en Barcelona (creo) y desembarcar en Cádiz después de haberse pasado toda la travesía vomitando. Mi padre trabaja desde los 13 años; cuando se decidió por las Máquinas Navales llegaba a clase (turno de noche) tras patearse la ciudad con una maleta llena de telas. Era representante de tejidos. Pienso ahora que tanto andar quizá le haya hecho aborrecer los paseos, y que si estudió Máquinas Navales a pesar de que odiaba el mar se debía a su deseo de marcharse lejos. El caso es que ese día en el que vine a formalizar la matrícula en Filosofía mi padre me llevó en coche a ese barrio para mí ignoto, y que estando con Óscar y con Asís, y antes de llegar al Instituto Virgen de La Paloma, empiezo a reconocer el ambiente visto with my father allá por el año 96. No se trata de nada en concreto, y es raro cómo funciona la memoria, a través de formas que por su vaguedad se asemejan a lo abstracto. Una calle, una cuesta, caídas de luz que dormitan en el recuerdo como si fueran imágenes soñadas. Entonces comienzo a esperar a que aparezca el Instituto Virgen de la Paloma. No tengo en verdad ninguna seguridad de que mi archivo memorístico no esté dañado.

Finalmente arribamos al Instituto y menciono a mis acompañantes que mi padre estudió aquí; Óscar me dice  que hay generaciones enteras en el barrio que han hecho su formación profesional en el Virgen de la Paloma, y que el lugar es por ello un hito.

Aclaro que estoy empezando por el medio del paseo en lugar de por el principio, que es Bravo Murillo, calle recorrida por mí hasta la saciedad durante 2009 por motivos que no vienen al caso, y explorada por primera vez cuando en 2003 estudié unas oposiciones que sólo deseaba suspender. La academia caía por Cuatro Caminos, y con el buen tiempo me daba paseos hasta Estrecho, o callejeaba tímidamente. Tetuán era sólo el nombre del distrito en el que vivían algunos de mis compañeros de la facultad, y también el lugar al que diariamente partía de madrugada la dueña de un garito brasileño de Lavapiés, sito en la calle Salitre, y al que yo acudía entre semana para marcharme a la misma hora que ella. La repetición, el alcohol y la resonancia marroquí de Tetuán me llevaban muchas noches a soñar en una huida en taxi hacia un Tetuán que era a la vez un barrio de Madrid y una ciudad al borde del Estrecho de Gibraltar. El Tetuán de mi sueño tenía una oscuridad con nubes naranjas al fondo, y estaba plagado de posibilidades. Sé que siempre cuelo algún sueño en los paseos; no puedo evitar soñar con espacios ni la posterior conexión del paisaje onírico con el real.

Paramos primero en un solar donde hay un circo que en esta atmósfera grisácea recuerda a imágenes de Diane Arbus. Se trata del circo de Teresa Rabal. Me imagino a Arbus fotografíando a Teresa Rabal desnuda frente a las lonas, con el cuello ladeado y esa sonrisa de los discos que yo aborrecía cuando niña. Escribo esto justo antes de que Asís me pase una foto cojonuda que me hace no pensar más en lo que habría hecho Arbus y centrame en lo que ha hecho él:





Luego nos metemos en el antiguo cine Europa, hoy Saneamientos Pereda: alcachofas para la ducha y tazas de váter en un espacio pensado para ver y verse. Óscar y Asís se preguntan dónde estaría la pantalla y qué obras se han llevado a cabo para dejar el espacio casi redondo, para expurgar el aspecto de anfiteatro y envolverlo todo de luces de neón blancas y estanterías. De nuevo una foto estupenda de Asís:




La Wikipedia añade esto en su entrada sobre el Cinema Europa: "En la actualidad los carteles de la tienda de saneamiento desvirtúan por completo la calidad arquitéctonica de la fachada". Tal vez se trata de un castigo: en el Cine Europa se cantó por primera vez Cara al sol, el himno de la Falange; también daban discursos los comunistas, y cuando estalló la Guerra Civil, la Federación Anarquista Ibérica (FAI) lo convirtió en una de las checas más sanguinarias de Madrid. La checa tenía un nombre que hoy suena bien: Ateneo Libertario de Tetuán. Es Óscar quien me pone tras la pista de las impregnaciones políticas y guerracivilistas del cine.

A continuación vamos a la Parroquia de San Antonio. En Tetuán viven muchos inmigrantes latinoamericanos, y en esta iglesia ya le han hecho hueco a la imaginería del otro lado del Atlántico. Tiene su altar, por ejemplo, la Virgen de Nuestra Señora de Coromoto, patrona de Venezuela.



Ignoro si traer vírgenes y cristos de otras latitudes aumenta la afluencia a la casa del Señor. La parroquia de San Antonio exhibe ese vacío de todas las iglesias españolas, que se llenan sólo en la vistosa y muy social misa de los domingos, y a las que entre semana sólo acuden viejas a susurrar el rito. Nunca he experimentado un sentimiento religioso en una iglesia.

Callejeando el ambiente latino se hace notar; yo diría que abunda el rollo dominicano, y Óscar me dice que hay un claro cambio de ritmo en el barrio, un cambio más nocturno y salsero; prueba de ello son los horarios de algunos de los negocios latinos, que abren y cierran más tarde que los españoles.



También se evidencia el tipo de población en la cartelería de los locales y en la callejera:







Podríamos parar en algún sitio para comer, qué sé yo, patacón pisao, pero no. Optamos por la bravas y los callos con garbanzos del bar Marcos, sito en calle Santa Juliana número 4. Es uno de los favoritos de Óscar para comer bravas.



Tetuán, ya lo dijimos en este blog, es una de las zonas de Madrid que mejor conserva los edificios de principios del siglo pasado. Algunas calles hacen pensar que el ladrillismo desarrollista queda lejos. Me gusta Tetuán. Es fácil por otra parte que gusten más los barrios del oeste y del norte que los del sur y los del este. En algún momento  se decidió que el lumpen debía habitar el sur, y que no merecía espacios decentes. Algo así como: qué más da, si los pobres tienen mal gusto y están acostumbrados a que les entre el frío.

La colonia Bellas Vistas es otra de nuestras paradas. Sobre las colonias leo esto en la Madripedia:

"La mayor parte de las colonias existentes en Madrid se construyeron en los años veinte y treinta del siglo XX, al amparo de las Leyes de Casas Baratas de 1908, 1911, 1921, 1924 -entre otras- para la construcción de viviendas para obreros, funcionarios y militares. Para ello se buscaron terrenos en el extrarradio -sobre todo en el antiguo municipio de Chamartín de la Rosa-, que fueran sitios apacibles y económicos para vivir. De casas baratas para clases modestas han pasado en la actualidad a ser viviendas de lujo para aquellos que quieren vivir en un hotel individual o adosado con jardín dentro de la ciudad".

La colonia Bellas Vistas, penúltima parada de nuestro paseo, se construyó en 1928 por la Compañía Anónima de Casas Baratas, y responde a lo anteriormente descrito: casas de lujo dándole coba a casas modestas. En puridad, y a pesar de las diferencias, aquí reina la inmodestia: tener una casa con jardín en pleno Madrid es hoy un lujazo. Ahora bien, Bellas Vistas tiene calle particular, y lo particular es siempre más estático; normalmente hay mayores posibilidades de que te ocurran cosas estando en compañía. Quiero decir que ese no pasar de gente por la calle, y de albañiles por las fachadas, y de coches junto a los autos aparcados, se nota. La colonia da tanta envidia como sensación de decadencia, y una señora pretende cortarnos el paso. Asís y Óscar son encantadores de serpientes, y la señora, que dice estar harta de que se cuelen yonquis y excursionistas, se entusiasma con mis cicerones y nos cuenta la historia de su casa y de los árboles de la colonia. Pongo durante algunos días mucha aplicación en que no se me olviden los nombres de los árboles, pero es en vano. "¿No hay un libro de Almudena Grandes en el que uno de los personajes vive en Bellas Vistas?", creo que dice Óscar. No puedo evitar querer saber qué historia protagoniza ese personaje, si es que existe. Creo que en realidad lo que quiero es inventarme su vida.


















De Bellas Vistas nos vamos a la Dehesa de la Villa, un pulmón radioactivo que me dio tema de conversación hipocondriaca  durante mis años de estudiante en la Complutense. Sobre la radioactividad de la Dehesa dejo información aquí. Hay unos pocos corredores inspirando y exhalando plutonio, aunque nosotros no hablamos de la contaminación, sino de los confines de la ciudad. Las grandes ciudades limitan con las circunvalaciones; no es posible salir de ellas andando con cierta tranquilidad. Sin embargo, en Madrid hay espacios que producen la ilusión de que la ciudad acaba de terminarse ahí mismito, justo donde te estás manchando las botas de barro, y de que, si quieres, alcanzas la sierra sin volver a oler el asfalto.




Óscar quiere enseñarme el Cerro de los Locos, donde, me dice, a veces van hombres desnudos.





La foto, por supuesto, es de Asís.

Aquí están los dos:




Gracias.

domingo, 19 de febrero de 2012

Parkour



Por si gustan de esta nueva forma de desplazarse:

"Me llamo Max y soy un traceur, o lo que es lo mismo, un campeón de parkour. Subo, bajo, entro, salgo, paso por encima y por debajo de todo lo que se me pone por delante. No existen las barreras para mí, como en el anuncio de Nike. Sólo necesito mi camiseta Carhartt , unos pantalones cómodos y las Adidas. Para otros es un deporte, para mí es una forma de vivir. Hoy salgo de mi casa en Usera para ir a Entrevías por el camino más corto. Empiezo con un monkey para saltar el parapeto que cierra mi calle, subo las escaleras del parking abandonado, después un kong largo para pasar al siguiente edificio. Es el paso más difícil, si caigo me rompo algo, seguro. Todo bien, ahora hay que cruzar la M-30, un gato para salvar el muro de protección y después cruzar la calle a toda leche y avanzar en dirección a las vías. Un reverso para franquear la barandilla de acceso al andén, atravesar las vías deprisa, deprisa, viene un tren, uf... por poco. Un lazy para superar el murete del otro lado, subo las escaleras, pasavallas a dos manos, otro salto del gato y ya estoy en la calle. Ahora sólo falta subir a la azotea de la casa baja que tengo enfrente, de allí un salto del tigre a la siguiente casa, un poco de grimpeo para pasar a la siguiente y por último un doble salto mortal o que es lo mismo un grimpeo-gato-rompemuñecas y habré llegado a mi destino, el barrio de la Paz, donde vive mi novia, con la que he quedado para ir al cine. Iremos a ver algo tranquilo, una peli francesa o algo así."

El texto es de Julia Guasch. Y sobre el parkour, aquí.

domingo, 22 de enero de 2012

Instituto Anatómico Forense





Corro con el corazón en un puño.


Detrás de cada curva, sale un paseante.


Tengo la sensación clara de habitar las sombras del parque.


Huyo de unas para meterme en otras.


 Algunos corredores aparecen, como yo, a un ritmo lento y sorprendente, y me asustan.


Casi todos son hombres atléticos; no creo que tengan esta palpitación.



[Fotos de la calle particular de Colombia número 12; texto escrito tras una carrera por el parque que hay detrás del Instituto Anatómico Forense, y cuyo nombre no aparece en Google Maps. Atravesé dicho parque casi a diario entre los años 1997 y 2000 para ir a la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense. De vez en cuando vuelvo por allí para mirar la sierra -el parque termina, o empieza, en una colina- y figurarme que la ciudad tiene unos límites precisos que comienzan justo donde echo a correr. Es decir: para figurarme que la ciudad no limita con carreteras y autopistas que no puedes cruzar sin riesgo de que te atropellen.]

sábado, 7 de enero de 2012

Barrio Parque Los Andes (Buenos Aires)


"El vacío es lo que hace que una casa exista. El espacio está hecho por el vacío, donde uno puede moverse y vivir. El vacío no es lo que no existe: lo lleno y lo vacío son una sola cosa."

"El eje es para lo más principal, y lo principal son todos."




Gracias, Norberto.

lunes, 31 de octubre de 2011

Heridas abiertas. Sobre conejos, SEPES, el antiguo Parque de Ingenieros y la Asamblea de Villaverde /15-M




Cuando echaron abajo el Muro de Berlín hubo una invasión de conejos en los parques de la ciudad. Al parecer, eran conejos marrones, mansos y orondos. Así los muestra  el documental: Mauerhase (traducido al español por Conejo a la Berlín). Estos animales habían vivido durante veintiocho años en la franja del Muro, una suerte de Cielo de los Roedores de 120 kilómetros. Allí no había zorros, ni lobos, ni ningún otro depredador, y los conejos disponían de un jugoso césped sobre el que ensayar su constante y discreto movimiento de carrillos. Erich Honecker, que fue presidente de la República Democrática Alemana, decidió protegerlos, y el gesto tiene una lectura siniestra, ya que Honecker no vacilaba en liquidar a los disidentes que trataban de huir al Oeste. El presidente no contó con que las madrigeras de los conejos pudieran atravesar el muro, y el día en que empezaron a aparecer conejitos gordos de miradas apacibles encaramándose a las jardineras de la ciudad decidió echar veneno en el césped de la franja. La decisión los hermanó con las ratas. Ya no eran simpáticos animalitos de piel mullida, suave y proclive al placentero enterramiento de falanges, sino una plaga.  Las plagas son langostas devorando cosechas, y cucarachas que corren bajo las paredes empapeladas de las casas. Algunos conejos sobrevivieron al césped envenenado, y cuando derribaron el Muro, la diezmada población vagó  por la ciudad. Se cuenta que no sabían sobrevivir.  La ignorancia los convirtió en  el símbolo de los habitantes del Este, que tampoco sabían cómo pasar a la siguiente pantalla.

Que los conejos se convirtieran en símbolo popularizó el relato, lo que significa que éste es narrado en unos términos algo bobos. La sinopsis de Conejo a la Berlín dice así: "La historia nunca antes contada de los conejos silvestres que vivieron entre los Muros de Berlín. Durante 28 años la Zona de la Muerte fue un hogar seguro para ellos: llena de hierba, libre de depredadores y con guardias que los protegían de la gente. Vivían encerrados, pero felices. Cuando su población creció demasiado, los guardias comenzaron a eliminarlos. Pero los conejos sobrevivieron y permanecieron allí. Lamentablemente, un día el muro se derrumbó. Los conejos tuvieron que abandonar el cómodo sistema. Se mudaron a Berlín Occidental y algunas colonias han vivido allí desde entonces. Todavía están aprendiendo a vivir en el mundo libre, al igual que los ciudadanos de Europa del Este".





¿Se puede decir de un conejo que es feliz? ¿Y que se mudó? ¿Y que está aprendiendo a vivir en el mundo libre? ¿Qué es exactamente el mundo libre para un conejo? ¿Se ha convertido el relato de los conejos del Muro para los berlineses en una fábula?

El señor conejo consideraba que su vida era razonablemente feliz. Sin embargo, un día echaron cemento sobre su madriguera, y no tuvo más remedio que mudarse.





Ignoraba esta historia. Me la contó Teresa Amor, y fue a propósito de otros animales que habitan lo que fue el Parque de Ingenieros, objeto, aunque por el momento no lo parezca, de esta entrada. El  antiguo  Parque de  Ingenieros, donde reinan las perdices y los cernícalos, está en Villaverde, y lo delimita un muro blanco, añoso, familiar porque se parece a los muros que en mi infancia rodeaban cualquier cosa oficial: los muros del colegio, los muros de las vías del tren, los muros del cuartel de la Guardia Civil. Aquellos muros siempre daban la impresión de que podían saltarse, y ahí estaba la piedra mal puesta, encalada apenas, en la que auparse y pasar al otro lado. Venía entonces ese ligero temor de perros al acecho, de pozos, pues hasta hacía poco los niños se ahogaban en pozos que parecían crecer bajo la hierba, pozos que nadie usaba y que estaban allí para que te encontraras con la muerte.





El Parque de Ingenieros tiene una larga historia que no voy a contar aquí. Hasta hace muy poco perteneció al Ejército, y era un cuartel que llegó a estar ocupado por unas mil personas según Pedro Montoliú, cronista oficial de la Villa de Madrid. Para ir hay que tomar la línea 5 de metro, bajarse en Ciudad de los Ángeles y atravesar unas cuantas calles con nombres de zarzuelas. Lo que viene a continuación es como si hubiesen demolido una colonia en el centro de la ciudad, no hubieran recogido los escombros y hubiesen pasado once años, tiempo suficiente como para que los cascotes se cubran de tierra y el paisaje parezca, de una forma extrañamente natural, lleno de montículos ásperos.





Desde luego, un sitio así es una orgía para los niños. Un solar dantesco, una galaxia en pleno centro de la ciudad. Sobre los solares ya le robé un día las palabras a Vicenç Pagès Jordà. Decía este autor en su novela Los jugadores de whist que estos son una etapa del proceso de urbanización, etapa en la que un terreno baldío acaba siendo parcialmente cercado por edificios e invadido de trastos, ladrillos y escombros. También decía que la mezcolanza, por ser cambiante, torna el lugar en inexplorado, y que por ello se convierte en un cuarto de juegos salvaje. Por último, Pagès Jordà añadía que cada vez que una ciudad pierde un solar, pierde "un espacio abierto, un laboratorio, una excepción". Me mostré de acuerdo con la visión de este escritor catalán, y lo sigo estando. Sin embargo, visitar el Parque de Ingenieros, que como he dicho es un solar dantesco, me ha hecho matizar mi postura. A partir de ciertas condiciones de crecimiento y de necesidades de un barrio los solares comienzan a ser inasumibles. Además, y si me pongo pedante, su condición de excepción no casa bien con que pasen a ser, por la inercia de su permanencia,  algo estable. Si para más inri acceder a ellos no es fácil porque hay que dejarse las rodillas en el muro, asunto éste sólo viable para niños, adolescentes y algunos adultos amantes del plan Rambo, la cosa se pone peor: ese espacio raro y público casi por casualidad deja de ser tan público.

Pedro  Marcos, que trabaja para SEPES (Entidad Estatal de Suelo adscrita al Ministerio de Fomento), me va a enseñar el lugar y a contarme el proyecto de edificación. El origen de lo que aquí vamos a relatar está en que el Consejo de Ministros decidió autorizar a SEPES a contratar las obras del antiguo Parque, que llevaba cerrado una década. El objetivo de fondo es la regeneración de suelo urbano emprendida por el Ministerio de Fomento a través de la Entidad Estatal de Suelo.

Quedo con Pedro en una de las puertas del recinto.  Llega  en un coche  de cristales ahumados. Supongo que se trata de un coche oficial.  Lo acompañan dos  hombres: Francisco López Groh,  urbanista de gran prestigio, y Miguel A. García, de la dirección de  Relaciones Institucionales  de SEPES . Teresa Amor, que es periodista, viene más tarde en su propio coche, o eso creo.

Pedro me habla de un concepto que a él le gusta utilizar, y que no sé si es suyo: el de herida urbana. Me lo explica con relación al Parque de Ingenieros. Durante once años, me dice, los vecinos de Villaverde sólo han visto un enorme espacio amurallado en el corazón de su barrio, un espacio que ni siquiera servía para pasear a los perros. Hasta hace relativamente poco allí habían vivido militares en unas condiciones privilegiadas; luego, cuando los cuarteles se desmantelaron, demolieron los edificios para evitar que se ocuparan, y ni siquiera recogieron los escombros (añade alguien a su lado:  "los militares no están obligados a nada"). El lugar se convirtió en una parte del cuerpo urbano que no funcionaba. Como una vena que se tapona, o un tímpano que estalla.





Me cuentan que el Parque de Ingenieros tiene una extensión aproximada de veintisete campos de fútbol. El terreno está destinado a la construcción de viviendas de protección oficial, plan que chocó con las reivindicaciones de algunas asociaciones de vecinos, que   demandaban más   terreno para zonas verdes e infraestructuras. Dichas reivindicaciones tienen su origen hace más de 20 años, cuando la Asamblea Cívica de Villaverde negoció con las  administraciones y  llegó a un acuerdo que permitía al Ministerio de Defensa abandonar las instalaciones sin coste alguno. En su momento, dicha solución apuntaba  a  la  recalificación de 32.000 metros cuadrados (un 12% del terreno) para suelo residencial (unas 700 viviendas como mucho); la actual propuesta triplica el número de viviendas negociadas entonces (fuente aquí). "Desde los años 70 existe la inercia de reivindicar que las antiguas zonas del Ejército se conviertan en parques, pues se tiene la idea de que un parque responde más a la idea de espacio público que unas viviendas", me dicen  mis cicerones. "Sin embargo, ¿qué pasa cuando un barrio no tiene suelo para  edificar, y los hijos de los parroquianos se ven obligados a irse a otros barrios? ¿No es eso una necesidad también pública?".  Y es que  SEPES se defiende:  el proyecto, insisten,  se hace eco de la reivindicación, como prueba  el hecho  de que una parte del terreno haya  sido donado al Ayuntamiento para que lo dividan entre zonas verdes e  instalaciones deportivas,  lo que  subsanará  algunas de las carencias de Villaverde. Como colofón al tema ecourbano, me informan de que el psiquiatra Felipe Reyero Pantigoso ha lanzado la idea de poner un huerto  destinado a terapia, asunto éste que da pie a que López Groh  comente que en el futuro, habida cuenta de que la precariedad amenaza con extenderse, los jardines y las jardineras de las colonias, ocupadas hoy por bojes y otros arbustos, pasarán a ser huertos que abastezcan al vecindario. Afirma  el experto  que el fenómeno ya se observa en Nueva York.

A SEPES   le interesa que los vecinos participen en el proyecto. Pedro me cuenta que hasta hace poco los proyectos se ejecutaban al margen del vecindario, y que ahora quieren implicar a lo beneficiados. Si bien hay una contradicción entre, por un lado, que los planes los haga el Ayuntamiento y, por otro, la voluntad real de participación, lo cierto es que organizar actividades para explicar qué es lo que se va a llevar a cabo y dejar un margen a iniciativas como la de Felipe Reyero Pantigoso permite no generar resistencias absurdas cuando el proyecto está bien pensado y recoge parte de las necesidades del barrio.

Existen foros de debate donde se discute el plan de SEPES. Por ejemplo, el de El Espinillo. Y también algunos blogs, como Gente de Villaverde. En dicho blog hay información detallada sobre la contratación por parte de SEPES de las obras de urbanización del antiguo Parque Central de Ingenieros de Villaverde.


15-M / Asamblea de Villaverde

Al parecer, casi todas las asociaciones de vecinos apoyan la actuación sobre el antiguo Cuartel de Ingenieros. Se oponen la Asociación Vecinal La Incolora y la Asamblea de Villaverde con el argumento de que a sus ojos se trata de "un proyecto de especulación inmobiliaria en detrimento de la mejora de unos servicios públicos que son mínimos en Villaverde, continuando una lucha que se lleva dando en el barrio desde hace 20 años". Otras razones que se aducen son que en Madrid hay 3.000 viviendas vacías, que no se va a respetar el patrimonio arbóreo y que no se han contemplado criterios de sostenibilidad  medioambiental. Cabe decir a este respecto que el primer argumento, el de la especulación urbanística, es falso. Por especulación se entiende la venta del suelo al mejor postor. Las 1.700 viviendas que van a construirse están protegidas, es decir, que el precio va a ser fijo*;  conceptualmente, por tanto, no puede afirmarse que se vaya a especular con el suelo. Hacer sinónimas la simple venta y la especulación es mezclar las churras con las merinas. Digo esto porque, según lo que he podido averiguar, la parte en discordia sólo admite como fórmula no especulativa las Cooperativas en Régimen de Alquiler de Renta Baja. Seguramente tienen razón cuando  señalan  que son pocos los jóvenes que pueden permitirse una hipoteca, pero ese argumento es distinto a denunciar una especulación que no existe. Cabe asimismo preguntarse si la confusión de los términos es azarosa, o es que queda mejor como eslogan. Añado que  me parece  una pena que razones muy válidas queden en tela de juicio por la sospecha de estar manchadas por tergiversaciones para ganar adeptos, y que este fenómeno es un mal que corroe la política, incluso la que se quiere alternativa. Por otro lado, SEPES  se queja de que en la inauguración de las Jornadas de puertas abiertas que tuvo lugar en el Parque de Ingenieros se ofreció a la Asamblea de Villaverde un espacio para explicar a los vecinos por qué se oponen a la actuación y recoger firmas; sin embargo, dicha Asamblea prefirió no dar explicaciones y reventar el acto con el fin de salir en la prensa. En el Manifiesto contra la Especulación en el Cuartel de Ingenieros (el título del manifiesto le da la razón a SEPES   cuando dicen que están enarbolando algo que no es cierto: que se va a especular) se expone que: “la Asamblea Popular de Villaverde no va a participar en ninguna actividad que pueda suponer una legitimación de este disparate que se quiere perpetrar en el Cuartel de Ingenieros de nuestro Barrio, de nuestro Distrito”, por lo que podría interpretarse dicha actuación en coherencia con lo que se reivindica (ya señalé más arriba que hay una contradicción entre la pretensión de que los vecinos participen que tiene SEPES  y la participación real, que es escasa; aquí habría que darle la razón a la Asamblea). En cuanto a las otras pegas, la de aplicar un criterio de sostenibilidad energética y la de respetar el patrimonio arbóreo, cabe señalar  que es precisamente el criterio de sostenibilidad el que se está aplicando para adjudicar los proyectos, y que una parte de los árboles del antiguo Parque de Ingenieros se va a respetar. Tal vez la manera de gestionar ambas cuestiones no responda exactamente a lo que pide la Asamblea; sin embargo, no puede  afirmarse  que no se hayan tenido en cuenta ambos puntos,  según se deduce en el Manifiesto. Como colofón a lo dicho, esta humilde ciudadana que tiene algo de fe en el 15-M pide que sus formas no sean manipuladoras.





Doy las gracias  a Pedro Marcos, Teresa Amor, Francisco López Groh y Miguel A. García por enseñarme el antiguo Cuartel de Ingenieros y mostrarme su ilusión y compromiso en este necesario y polémico proyecto, y a Gonzalo Cortizo por ponerme en contacto con SEPES.

* Aunque hace tres años, cuando se compró el suelo,  Sepes dijo en una nota de prensa que las 1.700 viviendas serían "en su mayor parte protegidas" debido a que todavía no sabían cómo iba a gestionarse (el plan general prevé que un porcentaje elevado puede ser libre), luego se tomó la decisión de que todas las viviendas serían protegidas. Me dicen que así lo han hecho saber de manera repetida en todas las comunicaciones.  

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Me voy a Usera

No le comento a A. que he tenido serias dudas sobre cuál era el lugar exacto de nuestra cita. Él me había dicho con pulcritud: En Legazpi, en la embocadura del puente que lleva a Usera, con vistas al césped del Manzanares. Y yo, delante de las imágenes vía satélite de Google, me preguntaba: ¿Qué cesped? El Manzanares salía verde, pero eso, me dije, no es más que el verdín del agua. Cierto que en el mapa sólo se veía un puente; sin embargo, la inseguridad provee de posibilidades insospechadas.

A. también me dijo que en Usera había lagos.

¿¿Lagos??

Sí, lagos. Y un vampiro chino.

Por favor, le contesté, quiero ir ya a Usera.




En la Wikipedia pone que Usera es un distrito con siete barrios: Orcasitas, Orcasur, San Fermín, Almendrales, Moscardó, Zofío y Pradolongo. Su creación es reciente (1987), y lo que había por estos lares eran huertas, entre las que destacaba la del tío Sordillo, un terrateniente cuya hija se casó con el coronel Marcelo Usera. El tal coronel decidió que era más rentable edificar que vender alcachofas, así que parceló el terreno y lo vendió. Añade la Wikipedia: "El encargado de la delineación y trazado de las calles fue el administrador de don Marcelo, por lo que decidió dar a las calles nombres de los miembros de la familia Usera, así como del personal de su servicio y algunos vecinos. Tales calles son por ejemplo Isabelita, Amparo o Gabriel Usera. Su calle principal es Marcelo Usera, situada entre la Plaza de Fernández Ladreda (conocida popularmente como Plaza Elíptica) y la Glorieta de Cádiz. Limita con el distrito de Carabanchel por el oeste y noroeste, con el distrito de Arganzuela y el Río Manzanares por el noreste, con el distrito de Puente de Vallecas por el este y con el distrito de Villaverde por el sur."


La verdad es que cuando voy a visitar barrios nunca miro la Wikipedia, y cuando escribo sobre ellos tampoco. Pero hoy sí. Sobre Usera sabía yo que la calle Antonio López, patrón de este blog, conecta Marqués de Vadillo con Marcelo Usera, es decir, Carabanchel Bajo con parte del distrito.





Durante unos años viví entre Urgel y Oporto, y una tarde callejeé con Esther hasta aquí, excursión que se me antoja en cuesta arriba, y que sin duda mezclo con otras excursiones por la zona. Antaño, cuando me cansaba del parque de San Isidro para mi jogging vespertino, paseaba mi chándal entre ambos distritos. O entre Carabanchel y Carpetana, que es más lúgubre. Luego recuerdo, y también sueño, con marañas de calles, que más o menos tendrían esta forma en texto:

"La acera era estrecha, alta e incómoda como la de un pueblo, pero no tuve dificultad en, una vez comprobado que no había coches, pasarme a la mitad de la calzada y llegar a la cúspide pensando en batir un récord en los cien metros lisos. Descubrí otro montículo, y luego otro y otro; por la forma en que se disponían, parecía que el espacio contara con un espesor distinto, y pensé que nunca había visto cuestas parecidas, que no engañaran por su forma de vericuetos, como ocurría en ciudades árabes, sino por disponer de un espacio cuya extensión real se hurtaba porque podía permitirse la promesa de un horizonte. Me paré; estaba sin resuello, y también un poco molesta porque no tenía el premio de reposar la vista en un paisaje, ni de saber qué había más allá. Los edificios de protección oficial setenteros se alternaban con las típicas casas bajitas que hacían pensar en algún pueblo de Ciudad Real, o de Galicia si estaban remozadas con azulejos de los de poner en el cuarto de baño. En una de ellas había unos maderos sujetos con clavos en la puerta: era la típica vivienda que llevaba años cerrada, y eso seguiría pensando si no fuera porque, por el agujero de una puerta, asomó un gato orondo, que no pudo sacar el resto del cuerpo, pero que me dijo miau. Cuando desapareció advertí una luz tenue que venía del hueco. Al agacharme, vi un patio, y al final las resistencias naranjas y brillantes de un calefactor en torno al cual se movían unos pies. Era pues una casa ocupada, y los maderos estaban ahí para disimular"


La parte de Usera que A. me enseña, Almedrales, cuenta con todos estos elementos: alguna casita baja ocupada, losas que parecen del baño en las fachadas, ladrillismo VPO, animales que sólo pueden asomar la cabeza entre los alambres, lomas coronadas por la promesa del horizonte. También cuenta con parte de lo que yo tenía asociado a Usera, ser el Chinatown de los barrios (el del centro está entre el Mercado de los Mostenses y Leganitos). Con Esther, allá por el 2003, me asomé a los videoclubs chinos, y a alguna que otra peluquería oriental. Tal vez había boutiques con trajes de novia de color azul. Asia asomaba la patita. Hoy, en la calle Dolores Barranco y aledaños, ya tiene medio cuerpo fuera. A. me dice que son capitalistas sin complejos, y que se pasean en ¿Mercedes, Bemeuves? negros (lo siento, A.; jamás recuerdo las marcas de coches). En general, tengo poca memoria, y mejor que suelte cuanto antes lo que él me dijo, así al mogollón: no le gustan las plazas porque en ellas se junta lo más granado de lo peor, y en "lo peor" debemos incluir los asesinatos; el increíble chino de la calle La Pilarica, que empezó con una tienda de alimentación, siguió con un Todo a Cien y culminó con un súper de fruta y verdura cuya estética es similar a los Piedra de Córdoba; las emboscadas de la policía, también en La Pilarica; el mesón gallego A'Barca, que tiene retratos de Franco y botellas de vino con el careto de José Antonio, y que pertenece a un tipo de El Ferrol que se dedica a hacer viajes y a fotografiarse con famosos o en situaciones exóticas (?). 





























Comemos en A'Barca: está todo rico, y las patatas las sirven espolvoreadas con perejil, y no con pimentón. A. me cuenta sobre un sótano que ya no sé si está en Usera o en la calle Cáceres, pero sobre esa historia he de comportarme como Hemingway con sus icebergs. También me habla de Pradolongo, un parque dantesco que él no frecuenta porque no le gustan los parques. El lugar, dice, es literario, pues tiene plaquitas bajo los árboles en las que se describe la especie vegetal utilizando palabras como "lanceoladas". Su comentario hace desfilar por mi cabeza el libro Árboles y arbustos de Europa que utilizaba cuando niña para ilustrarme cuando mis padres me llevaban al campo, y que me servía de poco, pues en Valencia reinaba el pino carrasco. Las descripciones de Árboles y arbustos de Europa eran como pronunciar "Krakatoa" veinte veces mudando el acento y haciendo muecas. También me habla, por supuesto, del vampiro chino. Los vampiros y demás fauna de ultratumba es todo lo que nos queda a los profanos del temblor y la emoción del Más Allá. Iker Jiménez lo sabe muy bien. A. vio por primera vez al vampiro de Usera en los desaparecidos cines Liceo, donde había unas extrañas cruces. Al parecer, si eres chino los crucifijos ni fu ni fa. Hay que usar la hoz y el martillo. También lo vio pasar volando, y vendiendo barritas de pan en la tienda de alimentación de su padre. Luego le perdió la pista, aunque sospecha que se ha convertido en avestruz, en concreto en la que está en el Centro Socio-Cultural Mariano Muñoz. Sólo así se explica que el animal no aparezca decapitado algún domingo a consecuencia de los crueles furores adolescentes. He de decir que noté cómo el avestruz miraba mi cuello y se relamía el pico.




Desde lo alto de la biblioteca José Hierro, que es uno de los lugares preferidos de A., hay una panorámica de Madrid que debería ser preceptiva para las postales. Aunque en realidad, y vía Antonio López, ya lo está siendo. La densidad soleada del aire, lo que se puede barruntar desde la M-30 y la M-40, el golpe que te da la ciudad si la recuerdas desde la playa, y también una impresión de soledad, como si los edificios estuvieran vacíos o los habitara el desierto. Esa impresión de páramo que desprende la imagen sólo la desmiente el ruido.





La biblioteca parece arquitectura soviética de autor, categoría que acabo de inventarme.






El vampiro chino amenazó con chupar sangre de bibliotecaria si no dedicaban un espacio a los clásicos de la literatura asiática.





A. pasa de ese espacio. Lo suyo es la sección 82 de Literatura, donde, aclara, hay un rollo más sesudo.





Poco soviética es una casa baja presumiblemente ocupada por una familia gitana. No hago fotos porque la gitana me dice que ya se la jugaron unos periodistas, que la sacaron en la tele y que no quiere que su familia de Extremadura se entere de que vive sin agua, y en realidad sin casa. Nos pregunta todo el rato: ¿Sois periodistas o policías? El inmueble tiene un patio con higueras y tomates, que la gitana barre; al frente, con majestuosidad cutre y bizarra, se alza la sede de El Museo del Jamón.




Acabamos la aventura en el parque Pradolongo, inmeso, vacío, dividido en zonas más o menos pijas o más o menos salvajes, con una pérgola postmoderna y un edificio con una cúpula en ruinas. Es aquí donde está el lago, que para más inri tiene una playa de cemento y unas canchas. Santo Domingo, me suelta A. cuando miramos las canchas frente a la cúpula. Pienso ahora que a mí me pareció más bien un paisaje ruso, como si el lago estuviera congelado y las canchas fueran árboles pelados, con telarañas de hielo.







Se me olvidó añadir que el Manzanares, en efecto y contra mi escepticismo, sí tiene césped.




Gracias, A.